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viernes, diciembre 08, 2006

Cuatro reinas

Hace días que no salgo de esta habitación. Muchos. De haberlos contado fácilmente habría llegado a la conclusión de que hoy sería el último, no se si por el tedio de seguir contando o por alarmarme o hasta por conseguir un poco de asco en el encierro. Igual ya no lo sabremos, el paseo la noche de ayer, además de hacerme caer en cuenta, al difícilmente reconocer los alrededores, impidió cualquier definición.

Durante ese paseo, de súbito, tuve la necesidad de hablar. Por supuesto, la única opción era hablarme, así que desistí de la idea y me quede tan tranquilo como me había visto estos últimos días. Pensando pendejadas. Pero me mantuve en el tema, repasando gratas conversaciones con amigos y desconocidos, también conversaciones vanas, otras obligadas y algunas incluso interesantes. De todas me detuve en una categoría. Las conversaciones con bellas mujeres que, por una razón u otra, no se teñían de un deseo sexual latente que orientase los temas, las respuestas y las opiniones. Conversaciones sexualmente desinteresadas con bellas mujeres. Difícil pero no imposible, al menos mientras dura esa conversación. Todas esposas, madres, amigas, novias, parientes o relevantes de algún personaje sensible para mí.

De ellas atesoro 4.

Sabrán que volkswagen = carro del pueblo y volksbank = banco del pueblo, es lo único que hablo en alemán. Sin embargo no es imposible que una alemana hable un poco de español, rudimentario y difícil de entender de entrada, pero perfectamente comprensible (o interpretable) después de un rato. Incluso cualquier duda puede ser aclarada en inglés. Apenas había transcurrido alrededor de una hora de habernos conocido cuando comenzamos a hablar, perfectamente aislados de las otras seis personas en la mesa del O Gran Sol en Sabana Grande. De cualquier vaina al principio: sus estudios, los míos, su padre viviendo en Caracas y la visita con la amiga Karla a Venezuela, las playas, cierto interés por la fotografía pero su dedicación al diseño de modas, cualquier vaina. Luego de un par de coincidencias que aportaron un poco de confianza: la compañera de clases contagiada de sida por su novia, lo natural que para ella resultaba la homosexualidad del padre y los viajes con su novio venezolano a Choroní, el aborto a los 16 y el novio que llegaba de Alemania en unos días. Eso trajo aún más confianza y ahora los ademanes no iban al aire, ni a los vasos, ni a la mesa: ya se podía tener un poco de contacto físico, piernas, manos, brazos, lo que estuviese en rango de alcance. Ya teníamos horas sumidos en esta conversación cuando me propuso que le ayudase a evitar otra verguenza en El Maní, que como buena extranjera y mejor europea, le encantaba. Con el intento me consagré con la Estrella de Plata, no podía de ninguna manera reprochárseme no haber cumplido mi misión de animador de la visita. Soldado ejemplar. De vuelta en la mesa y unos ronchos depués vino el silencio, parecía que era su turno, que tocaba el silencio, pero nos quedamos aún atentos el uno del otro, ninguno se atrevió a voltear. No reparábamos mucho en la compañía, pero aunue ese beso fue tímido y corto, la noche fue larga. Nos vimos casi todos los días que estuvo en Caracas. Volvimos a vernos un año después, en el 2000. Esta es mi reina de diamantes.

En algún momento escolar entre 1985 y 1986, y como todos los años, tocaba organizar en cada una de las secciones del grado entre quienes no participaban de actividades deportivas, un acto cultural en el marco de la semana colegial. No recuerdo a quien se le ocurrió montar un teatro negro y negro como me decían, me anoté. El tema o la "obra" como entonces referíamos importa bastante poco ahora, requería numerosos ensayos luego de las horas de clase y faltar no estaba entre mis planes. Había en el elenco una niña que me traía loco. La veía todas las mañanas consagrarse como la única razón por la que me gustaba tanto ir al colegio. Sin embargo se le notaba bastante pendiente de otro en el grupete de la época. Para ser sinceros, ya estaba bastante convencido de que la chance no era muy buena. Sin embargo, y en un descanso en el que no participábamos de la escena en ensayo, comenzamos a hablar. Comenzó a hablarme, para ser precisos. Me habló de su madrastra y su padrastro y de cómo la vida era imposible en ambas casas, entre las que se rotaba sin ningún tipo de orden consecuente, sino según las necesidades de cada una; de cómo estar sola en el colegio, sintiéndose individual y libre de la supervisión represiva, era lo que más disfrutaba en ese momento y de ese disfrute, cómo su máxima expresión eran aquellos ensayos en la tarde, que la mantenían alejada de la "dastra" y el "dastro". Mi mejor participación en todo aquello se limitó a callar y escuchar, ahora sorprendido y de una forma distinta interesado por ese inmenso par de ojos negros. Hablamos de otras cosas, también, durante horas. No recuerdo haber sido yo quién se aproximó, pero ya tan cerca, ya sin hablar, su espiración en mi rostro no dejó duda alguna. Nunca más en mi vida me he comprometido en un beso tan largo como ese, duró días. Crecimos juntos y días como ese se repitieron aún después de graduados y aún en otros sentidos, pero nunca más de un día a la vez. Hace ya unos doce años que no la veo, pero todavía la recuerdo como la reina de corazones.

Me parece que alguien hace sonar la rocola.


viernes, noviembre 24, 2006

Con ton

Mucho me temía que esta quietud no tenía ninguna pinta de durar. Y es que como dice aquel sabio filósofo argentino, "...no dormí ni un minuto...". Coño pero claro que es filósofo ¿el Mono Mario?, por favor, cómo que no.

Comí pero nada de camita. Toda la noche escribiendo pendejadas al ritmo que me marcaban las teclas de la habitación de al lado. Si paraba, pensaba, y si seguía, pues mucho más remedio no había. Lo extraño es que nunca se equivocaba. ¿Que cómo lo se? La repetición más rápida de las teclas únicamente se logra borrando. Y estas tenían un ritmo casi continuo. ¿Que cómo lo escuchaba? Carajo, como dice aquel viejo adagio dominicano "...y dónde crees que está viviendo, al lado, justo al lado, al ladito, ahí mismito...". Que sí, no jodas, ese es el filósofo del merengue ripiao.

El remate fue despiadado, nada más y nada menos que la Dama Bassey, pero eso no fue lo malo, lo malo es esa señora gritandote en la pata e' la oreja que le des candela. Repeat 1. Una y otra vez, acaba y arranca, dame candela - préndeme candela - light my fire; quién sería el perro al que se le ocurrió esa función en los reproductores: lo lógico es que si la quieres escuchar 20 veces te quedes bien pegaíto del repro, o te fajes a levantarte cada vez que va a acabar (piensa uno que va a acabar, pero no).

Bueno, qué se le va a hacer. Quejarme no.

Ya casi es hora de que prendan la rocola esa que está más buena que'l carajo en el bar. Hoy habrá que darle más duro al trago, no sea que esta noche me pongan la versión de Feliciano.

jueves, noviembre 23, 2006

Sin son

Se siente bien acá, pero todo muy solo ahora. ¿Vendrá alguien al fin? Difícil saberlo pero aún así, se siente bien acá.
Nadie molesta por ahora, pero tampoco es fácil animarse. ¿Necesito realmente a alguien para conseguir algo de diversión?; no lo creo, además está todo muy quieto y eso sí que es difícil de conseguir.
De hecho, tengo todo lo que necesito. ¿Lo tengo? La verdad no lo se, cómo podría saberlo. Y por qué pensar que lo tienes todo, idiota. Es la típica primera impresión de quien sabe que algo le falta pero no sabe aún qué es. Sabes que es así.
Bueno, darnos una vuelta sería lo conveniente, en algún lugar debe haber un trago, ya el agua empieza a saber a algo y eso no es nada bueno. Hasta comer sería bueno, hace días que no como.